Ella me daba la mano y no hacía falta nada más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor.
Contigo me sentía tranquila, me sentía querida, era feliz. Conocí la felicidad en carne propia, y se fue así como si nada.
Sí, una sonrisa se dibuja en mi cara cuando recuerdo todo lo bonito, lo malo y lo gracioso que pasamos, pero acompañada de esa sonrisa, es inevitable la lagrima que brota de mis ojos inconscientemente. El nudo en la garganta, el temblor en las manos.
Leer los mensajes que nunca te respondí, y que me duele en el alma borrar, mensajes como:
- otrodetantos
Nunca fuiste otrodetantos, nunca lo serás
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